Música recomiendo: Drexler Al otro lado del río (primero apagar música de fondo, baja un poco)


Hacia un NUEVO paradigma de CIVILIDAD !!!!!

domingo, 17 de enero de 2010

La gran abdicación, C. Warken

La gran abdicación
Cristián Warnken

A pocas horas de definirse la segunda vuelta presidencial, estoy con un sabor amargo en la boca. ¿Qué es lo que me angustia a mí, ciudadano chileno, a punto de dirigirme al lugar de votación?
Soy de los que tienen en los genes un cierto romanticismo republicano. Siempre me ha emocionado el acto ritual de las elecciones y el civismo ejemplar del pueblo chileno. Hay recuerdos de momentos cívicos notables, en que lo colectivo parecía expresarse en pasión encauzada por las urnas...

Hoy, por primera vez desde que tengo derecho a voto, el día de elección no será para mí una fiesta. He llegado a la convicción (después de darle muchas vueltas, y con la sensación de que a esta elección le falta una vuelta más) de que estamos en presencia de lo que llamaré "la Gran Abdicación". Suena fuerte, pero voy a explicarme. Hablaré de las dos abdicaciones: la de los concertacionistas y la de los aliancistas.

Mis amigos concertacionistas (gente a la que respeto, admiro y escucho) me han dicho que votarán con disgusto por un candidato "operado" interiormente, que la coalición les impuso. ¿Qué tiene que ver este Frei de hoy con el que fue Presidente? Lejanos están los días en que votamos y luchamos por sueños e ilusiones. Todos los que salimos en la década del 80 a las calles por la Alegría, sabemos que nuestra coalición ha terminado por convertirse en una gran bolsa de trabajo y una sumatoria de redes de poder. La "Concertación" es hoy una "flatum vocis", una palabra vacía. Nos duele esa verdad, es amarga, pero hay que hacer la pérdida, el duelo.
Quienes saben eso y se suman a esta operación de resucitación artificial, de último minuto (en la UTI de las convicciones) -incluido un errático y decepcionante MEO-, están abdicando, movilizados sólo por un irracional temor a una demonizada "derecha" y no por una genuina voluntad de reinvención.

La derecha también sabe de abdicaciones. Su rendición ante el "mal menor" (Pinochet) que parecía un general que iba a ordenar el caos para finalmente entregar el poder muy pronto, los hizo cómplices silenciosos de las peores barbaries, manchando el honor y la memoria de sus propios hombres probos (un Arturo Matte, un Jorge Alessandri) con la sangre vertida por ejecutores salidos de las alcantarillas de la historia. Hoy también la derecha vuelve a abdicar.
Mis amigos aliancistas (a los que también respeto, admiro y escucho) me dicen que Piñera es para ellos "un mal menor", al que hay que votar por una desesperada (y entendible) necesidad de cambio y alternancia. Pero ¿puede ser Presidente un candidato que no ha tenido la decisión ni el coraje de separar con claridad total y definitiva ante el país sus negocios de la política? (y no ¡"a medias"!, a la chilena).

¿Cómo creerle a un hombre que en el ámbito privado (sus empresas) donde tenía la cancha libre para hacer lo que quisiera no ha hecho lo que dice va a hacer como Presidente de Chile? ¿Hay que esperar que sea elegido para que su canal se transforme en una fundación en la que habrá espacio para la cultura y las ideas como lo prometió en el debate?
¿Dónde encajan las gatúbelas y gatos chilensis en paños menores de su serie seudoerótica de estética de telenovela venezolana, emitida en Chilevisión apenas terminado el debate, en vez de un programa de análisis del mismo, como uno hubiera esperado? "Por sus obras los conoceréis"...
La Gran Abdicación significa que muchos, millones, van a votar por uno de los dos males menores a los que nos ha condenado la politocracia.
¿Entonces, qué hacer? -me preguntarán los lectores náufragos como yo: Yo, por lo menos, no voy a avalar en esta vuelta esta Gran Abdicación.

Los dos candidatos han estigmatizado el voto nulo o blanco en estos días, cuando se trata de un derecho ciudadano para manifestar un rechazo a las candidaturas impuestas. Pero ellos no me harán sentir culpable de la victoria de uno de los dos "males" (menores o mayores, según el lado desde donde se mire) por ejercer el último derecho que nos han dejado a los ciudadanos: decir "no", aunque se contabilicen esos votos como "inválidamente emitidos" (qué expresión tan irrespetuosa con la libertad de los votantes). Ojalá sean muchos -millones- los votos nulos, las abstenciones este domingo para que se vea una expresión contundente de que en el Chile profundo (en lo mejor de su izquierda, centro y derecha) hay una reserva moral, una línea final de resistencia a la decadencia que viene.

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